miércoles, 19 de noviembre de 2008

¡Cuidado!

Hace poco descubrí que tengo una serie de poderes. Los puedo utilizar sólo cuando mi consciencia no tiene idea de que los tengo, osea, en casos subjetivos en donde la razón se bloquea y da paso a los instintos asesinos que todos llevamos dentro.
En ese brevísimo lapso entre la caída de un vaso y la probable destrucción material de éste, soy capaz de destruírlo antes de que la primera partícula de vidrio toque la superficie, para porsupuesto, dejar la peor embarrada del día.
Sólo quería decir que cualquiera que ose a revelar esta información, cuiden sus vasos e implementos de cristal porque ando con ganas de romper vidrios.

martes, 18 de noviembre de 2008

El submarino amarillo

Tengo ganas de hablarle. De recordar como eran sus frases, como reemplazaba las letras con números o caritas. Tengo ganas de recordarle que aún lo recuerdo.
Se nos hizo tan larga la calle aquel día. Estaba nublado y comenzaba a odiar la ciudad porque todo lo que respiraba era el aroma de tu chaqueta (nuevamente) sobre mis hombros. Hacía frío, tú repetias frases memorizadas para que yo me diera cuenta de que estabas preparado para tu exámen del miércoles.
- ¿Por qué insisten en inventar nombres tan largos y raros? - le pregunté mirando el suelo.
- Porque nos pagan por letra - me respondió, serio. Calmado.
Acabo de ver una palmera pequeña, podía caber en la palma de mi mano. Si pudiese ponerle nombre, le pondría aquel que escogimos para el perro que alguna vez tendríamos si nos casaramos.
- Recuerda que sólo es ficción, jamás me casaria con alguien como tú - le dije, una tarde de agosto. Era nuestro mes favorito porque las clases acababan antes de que el cielo tomara tonalidades rosáceas.
- No te vas a casar conmigo porque te vas a casar con otro - me respondió, lanzandome una almohada - pero te vas a arrepentir, yo tendré mucha plata y mi esposa tendrá muchas tarjetas de crédito.
- Sí claro - respondí mecánicamente.
Podíamos alargar los álamos. Estirar las nubes, mover las cosas con el pensamiento, arrastrar miradas y reirnos en silencio sin producir mueca alguna. Podríamos haber detenido el tiempo y el espacio y quedarnos rodeados de diamantes instantáneos.
- ¿Sabes que es lo que más me duele pollito? - me preguntó, viendo como yo caminaba mirando hacia las líneas del suelo que no quería pisar - que tarde o temprano dejaremos de hablar. Tu te irás al norte, yo me quedaré en el polo norte (aquel más digno) comprarás un perro, tendrás una vida preciosa rodeada de gente que te amará, tendrás un ejército de pretendientes y te vas a olvidar de mi.
(- No hables pelotudeces...) pensé.
- Pero respóndeme... siempre te quedas callada. Por último dime que me necesitarás para limpiarle las mugres al perro chico que tendrás cuando sal´gas del colegio y vivas frente al mar.
(- Que complicado que se me hace no pisar las líneas...)
- Ya, bueno. Si sé que no hablar es tu dialecto preferido. Oye... ¿dejemos de fumar? Es muy feo que tú fumes, pero yo dejaré de hacerlo para que tu no lo hagas ¿ya?
(- Quisiera que te calles un momento... )
Silencio.
- ¿Sabes que es lo que más me duele pollito? - me dijo, con los ojos nublados y la camisa gris ondeando - es que no me quieres ni un poquito de lo que yo te quiero.
Tengo ganas de recordarle que aún lo recuerdo. Y decirle cuánto lo quise y cuanto me ha costado recordar las anécdotas. Siempre anduvimos en el submarino amarillo y sin darse cuenta un día, él se bajo.

martes, 11 de noviembre de 2008

Fotolog v/s Facebook

¿Recuerdan aquel sitio de Internet llamado Fotolog? Sí, aquel invasivo producto de mentes japonesas que intentaban dominar a las masas occidentales proviendolas de sitios personalizados para subir fotos (en su mayoría de gente sacandose fotos a sí mismas, en sus baños y con poca ropa). ¿Recuerdan lo que era ser Fotolog Gold? Aquellos especímenes que se jactaban de pagar tres mil quinientos pesos mensuales por subir 6 fotos diarias y recibir cerca de 200 posteos por fotos del tipo "hola, agregame a efes, si no me posteas una maldición hindú caerá sobre tu descendencia" de personas desconocidas pero que, por increíble que parezca, utilizaban al igual que todos aquel instrumento de perfección llamado "fotoshop".
Todos los que hemos sido parte de la masa internáutica hemos sido abducidos por ciertos prototipos de programas virtuales que nos hicieron pedazos la cabeza alguna vez en nuestras vidas. Son pocos los que pueden decir "yo nunca tuve fotolog", y si realmente pertenecian a ese grupo, puedo asegurarles que se pasaban la mitad del tiempo en Internet revisando Fotologs de otras personas y memorizando sus patéticas vidas.
¡Está bien! ¡Reconozcámoslo! ¡Fuimos tontos! Y algunos seguimos siéndolos.
"Yo ocupo el Fotolog porque gracias a él conocí a mi actual pololo, un día me posteo, le devolví el posteo y nos juntamos en el mall a tomar helado. Ahora llevamos una hermosa relación de tres días", señala Javiera, una jóven pokemona de doce años que fuma un cigarro barato escondida en la plaza frente a su colegio mientras espera que el furgón escolar la pase a buscar.
"Ah, na que ver, yo ocupo Fotolog porque todos mis amigos son de otras ciudades, entonces es como el único medio para cachar como estan porque llamar por teléfono es muy caro", le contesta Carolina, compañera de curso de Javiera, solo que ésta en vez de llevarse un cigarro a la boca, fuma marihuana y mastica chicle con la boca abierta.
"Yo creo que tengo Fotolog porque soy bonita. Entonces me saco hartas fotos con ropa escotada para que más niños me posteen y onda ser popular en las fiestas del colegio. Hace dos meses que soy gold y ahora me reconocen en la calle, siempre dicen "mira ahí va la xpekkitaah__x" y es bacán ser conocida", dice Pekita con mucho orgullo.
¿No tienen vergüenza enanas viciosas? ¡Donde estan sus madres! A mi que me cuesta esto del periodismo integral, ir a preguntar y saber porqué mierda ocupan el Fotolog, veo que las niñitas están perdidas mientras que yo a su edad (no se si por tonta o porque me criaron bien) jugaba con barbies y leía a Papelucho.
La verdad es que los motivos por el cuál se usó mucho el Fotolog son tan variados como números de páginas del mismo. Pero es sorprendente darnos cuenta de cuanto ha bajado el uso del portal fotográfico, ahora que ha llegado ante nosotros la nueva moda de Internet: el Facebook.
Facebook es un sitio web en base a redes sociales creado por Mark Zuckerberg. Originalmente era un sitio para estudiantes de la Universidad de Harvard, pero actualmente está abierto a cualquier persona que tenga una cuenta de correo electrónico. Los usuarios pueden participar en una o más redes sociales, en relación con su situación académica, su lugar de trabajo o región geográfica.
Al comienzo comenzó como un espacio tímido. Eran pocos los que conocían su existencia, y los que la conocian sólo se dedicaban a responder inútiles test que te decían que vegetal eras (ser un tomate era lo más cool) o qué grupo de rock te identificaba más, o uno de los más patéticos, que clase de papel higiénico estaba hecho para ti.
El caso es que a medida que han avanzado los días, pocas son las personas que no tienen Facebook. Se ha convertido en una herramienta de navegación tan importante que incluso los fanáticos de Leonardo Farkas han motivado una posible postulación presidencial del empresario de los rizos de oro, incluso yo tengo que enviar comentarios para un ramo de mi carrera en el portal de Facebook cada lunes antes de las 12 de la noche o me gano un uno.
Las tecnologías a medida que se perfeccionan, ganan más adeptos.
¿Qué es lo que viene después?

¡Tantos noviembres por vivir!

¡Atención mis ávidos lectores! ¡Está confirmado! ¡Moriremos todos dentro de veinticuatro horas porque un meteorito doscientas veces más grande que nuestro planeta, caerá justito donde usted y yo estamos sentados! Oye... para. En serio... ¿Que sucedería con nuestras mentes tan dispersas en caso de cataclismo mundial?
La gente estúpida comenzaría a saquear las grandes tiendas. Suele pasar en las películas de grandes desastres naturales, el típico gordito corre con sus piernas estrechas intentando robar un televisor más grande que él, mientras un huracán destroza la ciudad.
Los más creyentes de seguro caminarian descalzos hasta la primera virgencita milagrosa para rezarle sin descanso, implorandoles el perdón de sus pecados y anteponiendo a sus vecinos para que mueran primero (sus vecinos tenían las grutas más bonitas dentro de sus casas, por ende, los odian).
Los más inteligentes, intentarían ser parte de la NASA e ir ellos mismos a destruir el pedazo de roca interestelar, sabiendo que si mueren en el intento, otro idiota logrará salvar el mundo y quedara como héroe perdido en el tiempo... aún así lo intenta, o por lo menos, arranca hacia fortificaciones subterráneas rodeados de latas de comida, creyendo que con eso podrán subsistir durante años, con duraznos en conserva hasta perder la razón.
Si el mundo se acabara mañana ¿Qué haría?. Es tan trillada la pregunta, la he escuchado en concursos de creatividad radial, a las modelos de miss universo y hasta a mi abuelito Q.E.P.D.
Yo no sé que haría. Comería mucho tal vez... pero eso ya lo hago. A lo mejor no leería las materias de los ramos que me complican... pero eso ya lo hago. Quizás me dedicaría a ver tele varada como una ballena... también lo hago.
Alguien me pidió que escribiera sobre esto y resultó ser que tenía razón. Vivo mi vida como si fuera el último (claro que hay excepciones, si fuera mi último día de vida, tomaría tanto tequila que el meteorito se espantaría de mi borrachera, o nadaria mar adentro a buscar ballenas, pese a que le tengo miedo al agua).
Al final, son tantas cosas las que quisieramos hacer si fuese nuestro último día.
Pero... ¡Atención mis ávidos lectores! ¡Está confirmado! ¡Nos quedan miles de días para disfrutar del fulgurante sol de noviembre... tantos noviembres por delante, nada nos puede salir mal!


viernes, 24 de octubre de 2008

SATIRA DEL ABURRIDO
¡Que bonito el día que nos tocó vivir! ¡Cómo le agradezco a los reclames chilenos que me impregnan de nacionalismo con temas extranjeros y retocados para hacerlos suyos en decadentes sistemas económicos! ¡Cómo me llena el alma saber que el 78% de las cosas que tengo fueron echas por japoneses estresados!
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CRITICA MUSICAL
Puedo decir porqué The Killers es un buen grupo:
1.- El vocalista pese a tener gestos homosexuales, es muy guapo y usa poleras con estampados de guitarras eléctricas multicolores.
2.- Cada vez que escucho una de sus canciones, sé inmediatamente que son ellos porque los sonidos no plagiaron a ningún artista anterior.
3.- El silencio que existe entre una canción y la que le sigue, es terriblemente abrumadora.
4.- Me dan ganas de saltar y cantar con odio por la ventana.
5.- Sus letras son apasionadas y no un conglomerado de palabras sin cohesión ni coherencia.
Puedo decir porqué Café Tacuba es un mal grupo:
1.- El vocalista es repulsivo, viste trajes rosados, sombreros inspirados en cabezas de animales de granja, y cuando canta pareciera que sufriera de un ataque de epilepsia.
2.- Cada vez que escucho una de sus canciones, la confundo con otras similares de artistas de poca relevancia.
3.- El silencio entre las canciones me produce un irrefutable placer.
4.- Me dan ganas de saltar por la ventana y revetarme los tímpanos antes de seguir intentando descifrar qué es lo que el vocalista intenta decir con esa voz tan horrenda.
5.- Sus letras sólo las conoces si te metes a una página de internet que las muestre, porque realmente son sonidos incomprensibles para el oído humano. Incluso va a la par de Ana Torroja.
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ACROSTICO: "salva a las ballenas"
Sepan que si vas a
Ayudar a los cetáceos
Lo que debes tener presente no es el
Vil dinero que éstos representan ni
Errar en comportamientos deplorables
Normales en los seres humanos
Ballenas, oh ballenas (¿qué te recuerdan?)
Ayudan al ecosistema
Levantan el ánimo
Libres y sumergidas
Entonan melodías silenciosas
No quieren que los japoneses se las coman
Ama la naturaleza
Salva a las Ballenas.
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AUTOENTREVISTA
1.- Si tuvieras un superpoder, ¿Cuál tendrías y por qué?
Me gustaría poder detener el tiempo, porque de esta manera podría comer muchas aceitunas en el supermercado sin que nadie lo note, entrar a las tiendas y saquearlas, si alguien me cae mal podría detener el tiempo y bajarle los pantalones para que cuando vuelva a correr el tiempo éste pase una vergüenza, copiar en las pruebas y darle besos a mis artistas favoritos sin que se enteren y de paso, me demanden.
2.- ¿Qué te motiva a decir tantas estupideces?
Bueno, la verdad es que la pregunta me la he hecho muchas veces en mi vida. A veces no sé de donde saco ideas que con esfuerzo logro cohesionar. Creo que lo único que puedo decir es que me gustaría tener un unicornio en este momento y un poco de aquel licor de 78 grados que venden en una callecita de Valparaíso. Y un par de guantes rosados.
3.- ¿Cuál es tu rutina de belleza?
Por las mañanas me echo agua termal (sí, la misma que le robé del baño a mi madre que ahora esta leyendo esto indignada), y bloqueador Eso es muy importante si no quieres morir prematuramente o peor: que te salgan tentáculos en el rostro. Después repaso el bloqueador cada tres horas, y me aplico una base Guerlain para las ojeras horrendas que heredé (sí, de mi madre, que está leyendoe sto aún más indignada) para luego aplicarle un rubor marca Clinique que compré en el Duty Free de Buenos Aires y que han sido los 45 dólares mejores gastados porque tiene 3 años y aún parece nuevo. Y finalmente un labial marca punga que compre por quinientos pesos en una tienda de trabas en el mall y que resultó ser el rosado más prendido que he visto en cósmetica. En la noche me quito el maquillaje con las toallitas desmaquillantes L'oreal, para luego aplicarme los 3 pasos de pure zone, y para terminar con agua terminal nuevamente cuando estoy a punto de acostarme.

¡Estúpida!


Una vez me dijeron que para escribir bien, debias escribir acerca de lo que conocías. ¡Ajá! Es parte del guión de una película para adolescentes enfrascados en su patética realidad. Ahora que lo pienso, tal vez sea bueno que luego de que apague esto, me vaya directo a la cama y mire de nuevo la misma película que compré hace varios años.

Pero la idea central de lo que hoy quiero decir, es que he vuelto a hundirme en el mismo pozo resbaloso del que me costó tanto salir. Pero la diferencia es que yo misma me lancé en picada al precipicio, tal vez con la intensión de que todo acabara pronto, pero no conté con la posibilidad de quedar maltrecha pero viva.

Pero antes de lamentarme y decir que soy una estúpida, quiero buscar una solución concreta que corte de raíz toda relación con el problema que anda dando vueltas sin enterarse de que me lancé a un pozo con tal de deshacerme de él.

Me sostengo la cabeza y digo en voz baja "Noo... por qué yo, por qué, por qué". No bastó con romperlo todo, ni juntar cada pedazo de papel oxidado en un mismo sobre con la maldita figura decorativa pegada con el pegamento más poderoso del mundo: el recuerdo.

No me atrevo a girar el encendedor y prenderlo. ¿Sería como saltar el pozo? ¿Y si me quemo las ideas? ¿Qué puede ser peor que no poder escribir lo que se piensa?. Y quemar todo lo que me recuerda a la canción de la película, a ése pasado condenatorio que me llevaré al purgatorio. Y me llevo las manos al pecho y pienso "Noo... esta va a ser la última vez".

Tu y yo, ¿qué le vamos a hacer?

¿Sabrá él, sabrá ella lo que yo sé y lo que tu aún desconoces?


Me gusta la idea.

Sé que a ti también.

Un día en la vida

Sí, se supone que todos deberiamos intentar enfocar nuestros ojos en los titulares que los kioskos nos refriegan con tanto esmero. Sobre todo los que estudiamos periodismo y que viviremos de las ventas de ellos. Pero cuesta detenerse en las noticias. Me da un poco de miedo.
¡Despierta! A veces puedo sentir ese reloj despertador, y me doy cuenta de que hay mucha gente sola. Y yo que me siento sola... cuán absurdo pueden llegar a ser mis intentos por autojustificar mis solitarios instantes de pérdida total del juicio.
He perdido totalmente la capacidad de cerrar los ojos. Es un sueño.
¡Qué pesado se me hace arrastrar estas palabras!
He pensado mucho en la multiplicidad de colores cuando logro juntar las pestañas. Si presiono mis dedos contra ellos, logro vislumbrar formas geométricas en constante distorsion. Y me imagino unas flores violetas en maceteros de piedra suspendidos estratégicamente en calles paralelas, todas iguales, salpicadas de mugre impregnada.
Mientras camino por ellas, dejo una estela floreada que me recuerda al instante de Guerlain, y a Ringo Starr cerrando el cuarteto del hombre de ninguna parte, que se maquilla como una profesora de literatura que alguna vez tuve y cuyo paradero desconozco.
Me siento tan de ninguna parte. Tan con los ojos abiertos, tan fría y tan suspendida, sin punto de vista, no sé donde va la estela. Alguien que rescate a Dulcinea.

Girando te vas olvidando


Ahora que lo pienso, no es tan terrible sobrevivir con ello. Tú no lo sabes, ni siquiera lo sospechas. Me lees tranquilo un viernes por la noche, con la cabeza sumergida en la agenda que te recuerda que pronto tienes que dejarme. Intento evitar ver la imagen. Siento que vomitaré entrañas si mantengo la vista fija en ella. Te cuento que me molesta mucho, tú ni siquiera sospechas porque me molesta.

Tengo la impresión de que se nos acabaron los temas. Allá, muy lejos, quedaron las noches en vela donde sólo nos mirabamos los iluminados rostros proyectados de una cámara en la lejanía de la madrugada. Siempre hacías chistes... aún no sabemos de qué hablar... ¿Te lo preguntas? Yo me lo pregunto, y sé que ni lo sospechas.

Me decías que tuviera cuidado, que habían fantasmas escondidos en las sombras de los muebles, la radio, la lampara de pie. Sonreía, sin maquillaje, realmente sin maquillaje alguno.

Como hemos cambiado, como me duele enterarme que ya ni sospechas lo que antes sabías antes de que yo te lo dijera.

jueves, 2 de octubre de 2008

Leete esto

No entiendo porqué a las personas les da flojera leer algo que ni siquiera saben de qué se trata. Solamente ven una seguidilla de renglones muy pequeños y muy juntos, y caen en la desesperación absoluta de negarse a leer aquel bloque de texto que tanto les aterra.

La culpa, creo yo, es del ministerio de educación. Ellos que año tras año ponen en la parrilla educacional los títulos de libros mas aburridos para los niños que empiezan con el hábito de lectura. Mi hermana va en quinto básico y tiene que leer "la ballena varada", cuyo nombre, pese a que soy una amante de los cetáceos no me mueve ni siquiera a leerselo a un niño analfabeto.

Tengo la certeza de que son ellos los culpables, y de los padres porsupuesto.

Cuando yo era chica, como era estúpida, obviamente me dejaba seducir por las páginas rosadas de cualquier libro que procediera de algo relacionado con las barbies. Y me cerraba por completo a leer otra cosa que no fueran las fotonovelas de la muñeca de mattel.

Pero mi padre insistía que leyera el Reader and Digest, que siempre estaba botado en el asiento trasero del auto y cuya portada siempre estaba desteñida por el sol. Recuerdo la historia de una señora que se bajó a comprar pan y dejó a sus dos hijos en el auto y de pronto, no me acuerdo cómo (algo tuvieron que ver los extraterrestres) el auto se precipitó hacia un tormentoso río y la madre se lanzó en picada al agua y levanto el auto como si fuera Hércules y salvó sus hijitos.

Ese tipo de historias son imposible de olvidar, pese a que tenía menos de 8 años.

También recuerdo un libro que mi mamá me regaló y que traía muchas historias mágicas. Eran como la versión rechazada y recargada de la cenicienta, caperucita roja y todos los cuentos de hadas habidos y por haber. Recuerdo en especial la historia de tres hadas que vivían en un bosque y que por alguna extraña razón tenían nombres de prostitutas. Y todas se enamoraban de un principe mágico, y una de ellas mataba a otra y al final las dos sobrevivientes se casaron con el príncipe que nunca se fue a la cárcel por bigamia.

Bueno, y luego vino Potter, las cronicas de C.S Lewis y uno que otro manual dental, sin dejar de lado a Isabel Allende y García Marquez, y el diario ordinario de un tío que siempre llevaba a la casa.

Las cosas cambian por supuesto, yo he dejado un poco de lado mi hábito de lectura. Con suerte leo los portales de noticias en internet. Así que no soy nadie para pedirles que tomen un libro y lo lean conscientemente porque sé que pocos lo harán a no ser de que sea lo único leíble para ir al baño. Y, ahora que lo pienso, hay una relación mágica entre libro y baño.

Deberíamos tener una biblioteca en el baño, o organizar juntas de lectura en el retrete.

Ay, por Dios, que estoy hablando.

Ignoren eso.

Me voy al baño.

¡Adios!

martes, 30 de septiembre de 2008

Conclusión Septembrera

Septiembre se pasa volando. No es que la gente esté volada por la vida consumiendo sustancias ilícitas (o lícitas, hace poco descubrí que gente que conozco suele salir a volar, inhalando residuos de corrector líquido) pero al fin y al cabo, se pasa literalmente volando.
Son las consecuencias de un mes patriota que no dejó indiferente a nadie (tal vez sí al viejito pascuero, que le importa un cuerno que hayan doce banderas chilenas flameando por cuadra).
El caso es que cada agosto de cada año, me preparo psicológicamente para afrontar el noveno mes del año con la esperanza de que se me alargue un poco más. Porque soy una persona con muchas ideas, y que siempre lleva una libretita en la cartera para anotar ideas, encuestas y nombres extraños para añadir a mi libro de cuentos infantiles que sólo leeran mis bisnietos en mi lecho de muerte. En fin, se pasa tan rápido septiembre que pareciera que me tragué dos empanadas de pino, hice un salud con la familia sin notarlo y ya me encuentro de vuelta en la realidad poco alentadora de sortear una serie de ramos en tan poco tiempo.
¿Qué pasaría si el día tuviera treinta horas? ¿Pasaría seis horas más como imbécil escuchando música de tendencias homosexuales, escribiendo como una literata frustrada? Creo que si el día tuviera treinta horas, seguiriamos todos igual de cansados, porque esas horas recortadas las usariamos para drogarnos las cabezas y consumir más de esa porquería audivisual que nos atora las ideas.
Septiembre es un mes adorable. Aunque está cientificamente comprobado (y eso me recuerda a mi profesor de Filosofía que insiste en convencernos de que no debemos creer en nada que no haya sido comprobado ante nuestros ojos), está comprobado que los suicidios se incrementan en un porcentaje alarmante. Tengo una teoría interesante al respecto, ya que personalmente me declaro una psicodepresiva climática, realmente me afecta que corra tanto viento, no es agradable mirar por la ventana y ver quince volantines enredados en los cables telefónicos, y peor aún es que ni siquiera los puedo ver porque me dedico a estornudar como si tuviera la nariz puesta sobre pimienta pura. La gente se suicida porque es alérgica al polen y no pueden soportar salir a la calle con sus narices rojas al más puro style de Rodolfo el reno rebelde.
Intento autoconvencerme de que no es una buena idea lanzarme del decimo segundo piso porque primero; se lo prometí a mi mamá cuando nos vinimos a vivir a este departamento. Me hizo requetejurarle de guata que jamás, por muy embarazada, por muy drogada, por muy estresada, por muy atrapada, jamás de los jamases me lanzaria al primer piso. Y segundo porque no sería un bonito espectaculo quedar desparramada como un frasco de salsa de tomátes con visceras a vista y paciencia de los seniles vecinos, que morirían de un paro cardiaco al ver mi cuerpo mutilado exascerbado de grasas adiposas.
Pero septiembre (o "setiembre" como solía decir un antiguo profesor de Historia y uno que otro abuelito) es un mes bonito para compartir en familia. Lastima que se nos fue tan rápido. El próximo será igual de veloz y no quiero ni pensar en el subsiguiente. Ojalá no se repita la historia de las servilletas de seda con bordados de oro que llevaban escritas las iniciales del presidente de la república que gobernaba en aquel entonces (no recuerdo su nombre) para el primer centario de nuestro país. Murió de manera tan imprevista que, sin poder hacer un cambio de gobernante como Dios manda, pusieron a un reemplazante cualquiera que tuviera las mismas iniciales del presidente que se fue el patio de los callados, para así no tener que mandar a hacer las servilletas de nuevo.
Viva Chile... en mierda.

¡Salud!

martes, 23 de septiembre de 2008

En la ciudad de las luces ciegas

Y ahí esta él. Durmiendo sobre la chaqueta que está impregnada en tabaco. Esta noche fue muy larga como para emitir juicios de valor. Yo lo miro dormir, mientras como almendras. Creo que tomó mucha cerveza y empieza a roncar. Lo sigo mirando, ha cambiado mucho con los años, pasó de ser el patito feo a ser el ganso aún más feo. Yo lo miro y me rio, la forma de sus pestañas siempre me produjeron una incertidumbre tremenda. ¿Las tendrá así porque él quiere?.
Salimos a tomar unas copas de algo que él ya no recuerda mientras que yo agoté el suministro de mango en el puerto, caminamos de la mano iluminados por las luces naranjas y nos detuvimos en una plaza a conversar.

- ¿Te has enamorado alguna vez? - me preguntó enojado.
- No sé, no me he muerto por nadie - le respondo.


Siento que es incapaz de volver a mirarme fijamente y hablamos sobre terremotos en Australia y cambios climáticos, los japoneses, la muerte, antiguos amigos que se perdieron, cartas, caramelos y sandías.

Es mejor volver. Es tarde y no te veo bien. Intenta caminar por esos cuadrados del suelo ¿los ves? sí, se llaman baldosas de suelo... lo sé. Intenta caminar guiándote por ellas. No quiero que te caigas, porque si lo haces dejaré que te arrolle un auto repleto de adolescentes drogados.
Me toma de la mano, cuenta un chiste y nos reímos hasta que me detengo porque me duele un costado del estómago.

Ahora duerme en el sillón sobre su chaqueta impregnada de tabaco y yo me acerco y me agacho para quedar a su altura. La radio está prendida y la voz de Bono inunda el living de su casa.
Toco sus pestañas.

- ¿Alguna vez te has enamorado? - le pregunto en voz baja
- De ti supongo. Y esta noche te veías bonita en la ciudad de las luces ciegas.

Me pongo su chaqueta y me quedo dormida apoyada en su hombro.
(Dc/abril/2006)

martes, 16 de septiembre de 2008

Fiestas Patrias

Recuerdo con mucha emoción las fiestas patrias antes de llegar a mi segunda década de vida. Las recuerdo con sabor a brochetas de pollo, pues inexplicablemente no comía empanadas, las recuerdo tibias, felices y hasta románticas.
En el colegio ponian un toldo gigante que cubría el patio por completo, y hasta los profesores iban vestidos de huasos y bailaban con los alumnos más motivados para la ocasión.
Nunca olvidaré que tenía un amigo que todos los años iba con su mejor pinta y se ponía a bailar hasta con el portero, el nunca paraba, se sentía orgulloso pese a ser rubio y tener los ojos azules, de estar vestido de huaso. A ratos se acercaba al grupo y tomaba coca cola, nos reíamos y con alegría lo mirabamos volver a la pista para sacar a bailar a la profe de biología que había sucumbido ante el vino tinto y la chicha.
Debe ser por un desorden hormonal que tengo, que me encuentro más melancólica que de costumbre, a veces me da por pensar como deben haber sido estas fiestas hace un siglo atrás, sin contar porsupuesto que la mortalidad nacional era altísima, creo que las personas no conocían tantas cosas que ahora perturban la imaginación, y hasta pienso que la deben haber pasado mejor.
Ahora, y como todos los años, mi familia se reune en torno a una mesa repleta de comida que hasta se desparrama y algunas fuentes de empanadas estan puestas sobre el refrigerador porque a los primos nos dio flojera traer la mesa chica del living al patio. Y todos se dedican a tomar pisco sour (¿habrá algo menos nacionalista que tomar tragos preparados?) y yo me encierro en el baño a pintarme los labios porque vendrá Romeo a buscarme para salir a fumarnos un rato la vida, poner una radio que toquen cuecas y cantar y recordar, y soñar...
Aquel fatídico día, nos reunimos todos en la casa de los mellizos a almorzar salmón con puré mientras uno de mis amigos derramaba fanta por todos lados, él me llamo a su habitación que quedaba en el entretecho y por donde se colaba toda la luz del mediodía. Me senté en su silla del computador y me puse a dar vueltas cantando una canción especialemente hueca a mis quince años, cuando de pronto me puso un cortaplumas en la garganta.
Pueden pensar que fue un hecho traumante, y que mi desquiciado amigo no era sinó un peligroso asesino en serie. Pues no, estaba tan cuerdo como lo estoy yo ahora. Nos juntaremos a comer aceitunas y pese a que tenemos la posibilidad ilimitada de hablar por teléfono nunca lo hacemos porque nos aburre. El me aburre y yo lo aburro. Le cuento que he empezado a comer empanadas, lo hice un día que tenía mucha hambre y en mi casa habían decidido no hacer ni asado ni ensaladas asi que María Luisa te tragas una empanada con la boquita bien cerrada o mueres de inapetencia o te calientas los brócolis congelados del refrigerador.
Ahora que he dejado el alcohol por motivos de fuerza mayor (a no ser de que sea exclusivamente amarettos sour) porque pretendo eliminar un poco la grasa adiposa que se adhiere con ganas en mi estómago y porque es mi manda para que me resulte lo del intercambio, pienso que será divertido este año mirarlo desde otro punto de vista, más amargo tal vez, o quizás no, soy completamente feliz quejandome de lo ifneliz que puedo llegar a ser, pero ése ser superior existente sabe que no hay cosa que ame más que poder escribir lo que pienso, aún en fechas tan bonitas como las fiestas patrias.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Opciones simples, claras y armónicas, de la vida.

Como bien dice mi madre, y no es que ella se tiña las canas porque ella NO tiene canas, es rubia natural, ambas lo hemos visto (como ustedes también, si es que son detallistas) en los supermercados y farmacias las nuevas tinturas de pelo que han salido al mercado durante estos últimos años, que nos evocan a los poetas más retorcidos los encargados de nombrar los colores que estan en la palestra nacional.
Como es sabido por todos, hace algunos años, eras rubia, castaña, morena o pelirroja. O tal vez algunas variaciones de aquellos cuatro colores bases, agregandoles el sufijo "claro" u "oscuro" entre otros.
Ahora, una nueva serie de la conocida marca de tintes capilares "Koleston", lanzó al mercado productos cuya rótula dice que si te aplicas el contenido, tomarás un color "rojo fashion", "castaño seductor", "castaño chic", "castaño elegante", "marrón armonía".
¿Alguien puede explicarme que significa tener el pelo color marrón armonía? ¿Cuál es el rojo no-fashion"? ¿Y si no me echo el castaño chic, no soy chic?
Esto se debe al fervor popular de querer alcanzar el máximo de tonalidades posibles, y no repetirse unas con otras. "Ay no que atroz galla, tenemos el mismo color rubio muy claro ceniza jazmin, ándate que no quiero que nos vean juntas", o algo por el estilo.
Lo mismo está ocurriendo con algunos útiles de aseo domésticos. Nuestros hogares se estan inundando de líquidos para limpiar pisos cuyos nombres son "latidos de la tierra", dulces momentos", "aroma a bebé", "aires navideños", "espíritu jóven" (debo admitir que precisamente ése se encuentra en la despensa de mi cocina) y "suavidad de algodón".
La pregunta del millón es, ¿cómo consiguieron extraer la esencia de un bebé?, mi imaginación avanza tan rápido que hasta incluso me imagino una máquina capaz de succionar el olor de una guagua y embotellarlo. Además echarle un poquito de colorante rosado para que sea más "bebé" y la gente cuando pase por los pasillos del supermercado diga "aaay que tierno, lo que más quiero en la vida es que mi piso huela a guagua, lo llevo".
¿Que opinas?

No te suicides por favor

Que decadencia más penosa. Mientras más trato de no morderme las uñas, menos me las veo porque me las mastico como si de ello dependiese mi vida. Eso me recuerda a un proverbio griego que sugería cortarme los dedos de ambas manos, pero lo que estos imbéciles no sabían es que en cierto país, va contra la ley pedirle ayuda a alguien para que te descuartice los dedos, y al final sólo podría machacarme los de la mano izquierda. Pero la derecha quedaría invicta, y eso sería una decadencia aún más penosa.
Como los suicidas que nos les resulta atentar contra sus vidas. Siempre me lo he preguntado, si el 80% de los intentos de suicidio son frustrados, al 20% que si les resulta irse al infierno ¿son superdotados?. No estoy de acuerdo, creo que ése porcentaje grande lo hace para llamar la atención.
"Mira ahí va esa niñita, ésa po, la que se trato de ahorcar con tela y su mamá la pillo con un calcetin a medio enrrollar en su robusto cuello... que chiquilla más tonta"
Resulta triste fracasar en ciertas cosas en la vida, pero más triste es no poder siquiera dejar que tu propia alma fluya hacia un "no se qué".
Estoy muy en contra del suicidio, y siempre he dicho que sólo lo haría por algunas razones excepcionales como: quedar absolutamente sola en todo el planeta, que venga un meteorito que amenaze con aplastarme violentamente, estar en el espacio exterior desprovista de oxígeno o quedar flotando en mar abierto sin ayuda posible. Ah, cabe destacar que también lo haría si tuviera una enfermedad mortal que me aquejara con inmensos dolores insoportables.
Caminaria, lentamente para así llenarme de aire tóxico de la ciudad, me tomaría unas cuantas pastillas milagrosas, media botella de tequila, me comería unas aceitunas, abriría un libro de poesía española y me iría feliz en el sueño. A no ser de que el meteorito sea muy rápido y no me quede otra solución que pegarme un tiro.
Ahora, el asunto de mis uñas, me importa un rábano. He llegado a un punto muy maduro de mi pensamiento. Déjenme seguir pensando...
¿Cómo consigo aceitunas si estoy en el espacio exterior?

De muerte, temblores y superficialidades

La historia es un poco caótica. Se escucha una sierra electrica que consigue opacar el sonido de una armónica. Yo estoy inanimada un trece de septiembre, me da igual, tú estás igual pero pareces molesto.

Cuando tenía doce años una profesora me enseñó la diferencia entre un sonido y un ruido. Declaraba, satisfecha con sus ácidos comentarios, que mi vocesilla aguda era un ruido, y que eso le sirviera de ejemplo a la clase.

Recuerdo que otro profesor me usaba de trompeta aguda, me obligaba a pegar un grito para explicar algo que se llama decibeles altos, imperceptibles al oído humano y exasperantes para los vecinos. Nunca comprendí, y dudo que llegue a hacerlo.

Miro por la ventana un rato, medio desorientada, medio nublada. Con el semblante oscurecido. Me acabo de dar un golpe monumental en la parte frontal de la cabeza justo bajo el último cuadro que mal pinté. A la pared le encantan mis golpes, y a mi en cambio me duele tanto que estuve un rato con una bolsa con hielo por si es que se inflamaba.

El que nace chichara, muere cantando. Hoy pensé mucho en la muerte, en los temblores y en las superficialidades. Hoy he tragado más cafeína de lo normal. Y mis dedos se retuercen, mi lóbulo temporal angustiado me susurra al oído que no quiere más chicharra y que prefiere morir callado, mi famélico intestino se desgarra pidiendo sucedáneo de cacao y yo te escucho a media voz recitando uno de esos poemas que te leí el sábado pasado. Te extraño muchísimo, cuando sólo te quedas mirando nada y dejas que arruine los finales de los libros contandote quienes mueren y quienes sucumben ante temblores y superficialidades.

El manjar de tu casa es más suave, el guacamole es más espeso e incluso puedo llorar sin que nadie me oiga. Me emocionas, ¿sabes? tengo esta armónica atorada en el pecho, porque sé que sientes tanto cuando repites esos versos, cuando yo te repito los finales, cuando tu me repites las trivialidades, cuando hablamos de muerte, de temblores y superficialidades. Espera un poco, quédate donde estas. Yo te traigo agua. Si sé que quieres hielo. Yo no tengo ganas de tomar té todavia, quedémosnos en tu balcon ideando maquiavélicas formas de suicidio indolentes que jamás llevaremos a cabo, claro, si es que los temblores no son muy fuertes y nos arrastran a la penumbra aquella, a la que por suerte no le tenemos miedo ... la superficialidad, claro está.

Divirtamonos, que todavía nos queda un poco de sol.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

El Confort celeste

En mi familia convivimos cuatro personas. Mi madre Marisol (sí, la que es conocida como Marisour entre mis amigos), el Osman mi padrastro (horrible palabra para tan buen hombre), mi hermana Gabriela (ese eslabón perdido pero adorable) y yo.
Nosotros, como miembros de esta familia pequeñita, siendo cada uno un convaleciente de pasados entornos familiares desastrosos, nos organizamos para llevar la fiesta en paz cuando ello es posible.
Cuando hay tiempos sin nana, (las nanas desparecen por extrañas circunstancias) todos nos repartimos el trabajo para poder mantener las cabezas fuera del desorden gravitacional, y tratamos de sobrevivir entre miles de revistas esparcidas en el baño de la Marisol, entre los millones de cables del Osman, la desmesurada cantidad de retazos de género de mi hermana y… bueno, ya entendieron la idea.
Personalmente, en tiempos de vacaciones como éste, las labores domésticas se me hacen facilitas de sobrellevar, es cosa de despertar media hora antes de que todos lleguen a almorzar y hacer fideos. Aquí todos somos unos pobres guatones adictos a las pastas. Fideos con salsa de tomátes, fideos con crema, fideos con mantequilla, con tomate, con ají, mostaza y lo que haya en la despensa. Aunque no crean que soy totalmente inútil, soy la mujer más veloz para hacer roscas, puedo hacer 100 en 15 minutos, y mi budin de zapallo italiano es un deleite al paladar más sofisticado.
Bueno, el caso es que a mi no me gusta hacer el aseo. ¿A quién le gusta hacer aseo? Sólo a las señoras que escuchan la radio Pudahuel y se dedican a hacer vida social con otras vecinas y después se juntan a ver Pasiones. A mi no me gusta hacer el aseo. Pero me gusta “hacer como que hago el aseo”. Es fácil, pasar la aspiradora y echar desodorante ambiental. Pero lo que quería comentarles queridos contertulios, es que hay ciertas cosas que como suplente de asesora del hogar no comparto para nada. Empezando por el baño, no soporto que el papel higiénico sea celeste. Mamá, ¿por qué compraste confort celeste? ¿Sabías que por cada confort celeste, doce focas mueren de hacinamiento? Además, el confort celeste es inútil, al final, nos limpiamos nuestros gordos traseros con papel y colorante. Una falta de respeto para las focas y para el trasero familiar.
No es por ventilar nuestra realidad familiar, pero ese desodorante ambiental a pila que está en el baño, es diabólico. Se encarga de lanzar perfume en el momento menos indicado. Cuando me cepillo los dientes y abro la boca para mirarme mis muelas del juicio, el maldito sicópata desodorante ambiental me lanza su líquido en la cara. Y yo grito aterrorizada, mientras observo con pánico como una luz roja parpadea en el envase. La próxima vez no se salvará de que lo lance por el inodoro.
En el lavadero, las cosas no son mejores. El tendedero se desarma si lo miras, y después tienes que lanzarle unos golpes karatekas para volver a armarlo. En la cocina paso más rabias que en ningún otro lugar de la casa. Cada uno debería lavar su taza después de usarla, pero no, la pollito está de vacaciones así que ensuciemos cuarenta tazas si total, ella después lava. ¿Sabían que mi crisis nerviosa hace que me muerda las uñas hasta los nudillos? ¿Saben como duele el detergente de loza? Seguramente ustedes dirán: no te muerdas las uñas. Pero como quieren que no me las muerda, si me muero de hambre (sé que mi madre está leyendo esto en la oficina y se le contorsionó la cara “cabra de mierda malagradecida, la voy a llamar para retarla”). Bueno, exageré un poquito. Sí hay comida, pero no haya galletas constantemente y eso influye en mi estado emocional. Aunque el queso parmesano no ha fallado en varias semanas y por eso, te mereces una carita feliz mamá.
Al final, creo que tenemos suerte. Porque de que todos tenemos la media cuea, la tenemos.

lunes, 1 de septiembre de 2008

¡Pero él tuvo la intención!

Con Javier fuimos al mall a pasear una tarde cualquiera. Yo tenía antojo de comerme un McColoso frutilla y él tenía antojos de hincharme las pelotas. Mi chanchito, efectivamente, esperó pacientemente que yo me tragara el helado, cuidadosamente dejé la punta del cono con manjar, sin restos de helado, para así comérmelo con más gusto y saciar mi antojo.
De pronto Javier quiere comerse el poquitito de helado que quedaba en mi cono, y yo como lo único que quería era la puntita con manjar, feliz accedí a que se tomara el helado y me dejara la punta. De pronto, observé en su mirada malévola las obvias intenciones de comerse la puntita del cono que yo, con tanto esmero resguardé.
¿Pueden creer que prácticamente le saqué la punta del cono de la boca? ¡El se la quería comer pese a que yo la había querido tanto! Menos mal que fui más rápida que Javier y logré quitarle MI puntita de cono con manjar, no sin antes patalear indignadamente.
Luego caminamos por la calle un rato, riéndonos de la situación y yo quejándome de su cuasi delito de tragamiento, finalmente llegamos a una conclusión genérica que creo que es bastante interesante y la que me gustaría exponer aquí a modo de prueba.
Yo tengo motivos para estar enojada, porque el intentó comerse mi helado sabiendo que yo quería comérmelo. Si no lo hubiera detenido, él se lo hubiera comido y yo me hubiera taimado. Más claro que echarle agua.
Él, en cambio, insiste que no tengo motivos para estar enojada porque al final, él no se comió el helado. Y más que los detalles, lo que importa es el resultado final: yo me comí el helado y no él.
Pero él tuvo la intención.
Y fue aquí, donde me di cuenta que encontré el meollo del asunto. La gran diferencia entre hombre y mujeres que psicólogos, sabios y extraterrestres han estudiado años y años.
A las mujeres nos importan los detalles para llegar a algo, mientras que la mente masculina sólo rescata el resultado, es decir, si yo presiento que mi novio me está engañando con una pelo lais, y me entero que le envía mensajes coquetos por celular, y que además se atrevió a carretiar con ella pero la pelo lais no lo pescó en bajada; me indigno y hago un escándalo de proporciones. ¿El hombre como se defiende? “Chanchita, no sea tontita, si no me la pesqué, al final eso es lo que importa, no tome en cuenta lo demás”
Pero él tuvo la intención.

Cómo has envejecido

Tengo un amigo al cual siempre le pido que me ayude a pensar en algún tema novedoso para escribir, incluso lo he amenazado con subir fotos de su poco agraciado rostro a los quince años si no me ayuda a pensar. Y el me contraamenza diciéndome que sus poderes asesinos telepáticos podrían acabar con la vida de mi madre, pero yo sé que el quiere mucho a la Marisour y sería incapaz de hacerle más daño corporal de lo que lleva acumulado en su vida.
Mi amigo, es un muchacho normal de veinte años, vio pornografía durante toda su adolescencia, más de alguna vez se hizo el ebrio para poder encajar en su circulo social, y también se enamoró perdidamente de mi. Aunque le duró poco eso sí, hasta que se dio cuenta de que somos como la miel y la margarina, tan distintos y tan desagradables al tacto. Por supuesto yo soy la miel, creo ser más dulce y menos aceitosa que mi amigo.
En fin, creo suponer que las cosas han marchado bien para ambos ahora que sólo nos vemos una tarde cada seis meses, me aburre pasar más de tres horas a tu lado porque ya no hay tema de conversación más que esperar que tu santa madre nos mande a comprar pan y pasteles para tomar té, y hablar sobre las casa bonitas que rodean el barrio donde vivías. Se me hace difícil imaginar que puedes sobrellevar una vida en la capital viviendo como una lacra social cuya apariencia física dista bastante del prototipo normal de veinteañero. Sé que has envejecido a tus veinte años amigo, fue uno de los temas que me propusiste que escribiera, pero terminé recordando tu peluca rubia y tus excéntricos gustos por la música afroamericana. Aún así, me encantaría verte y tomarnos un mojito cubano viendo una mala película. Sería un buen panorama para un sábado por la tarde.

domingo, 31 de agosto de 2008

La gorda que arruinó mi vida

Para empezar no quiero que piensen que tengo algo contra las personas cuyos tejidos adiposos se sobrepasan de la cuenta pero... es cierto, no les voy a mentir, siento un profundo resentimiento hacia aquellas personas cuyos excedentes de grasa acumulada podrían ir a parar a sus almas (sus almas ya son guatonas) o transpiren grasas, o sus torrentes sanguíneos son más dulces que comerse el cola cao a cucharadas.
Soy cruel porque he vivido una experiencia terrible en mi vida.
Cuando era una niñita pequeña que aún no sabía leer ni escribir, en la empresa estatal donde mi madre trabaja organizaban fiestas navideñas. Las muy tradicionales fiestas institucionales donde el funcionario más gordito se disfrazaba de viejito pascuero y las mujeres solteronas se dedicaban a decorar con confetis dorados los grandes salones previo pasarse las tardes haciendo roscas y pelando a todas las nuevas funcionarias.
El caso es que recuerdo que en aquellas ocasiones, me ponían mi mejor vestido floreado y mi mejor cintillo que se encargaba de tirarme las mechas para atrás, para que no me quedara la chasquilla llena de torta cuando me lanzaba hacia el pastel y para que de vez en cuando, en las fotografías de nuestros juegos infantiles se me notara la cara y no la masa de pelo chascón y desparramado.
Jugabamos toda la tarde con los insoportables "tíos" disfrazados de payasos constipados, que repetían año tras año la misma canción, invitándote a participar en competencias donde ganabas juguetes inútiles como un snorkel (yo le tenía miedo al agua), una máscara de osito cariñosito (uno de ellos lo quemé con un encendedor que me robé de la cocina) o una pistola de juguete (lo cual me gustaba más porque jugaba a ser asesina de los "tios" disfrazados de payasos constipados).
Nos pasabamos toda la tarde portandonos bien, esperando que el viejito pascuero hiciera su aparición ("¡María Luisa ponte los zapatos o el viejito pascuero no te traerá nada!, ¡Pollito salgase del barro o el viejito pascuero se enojará contigo!, "¡María Luisa no muerda a su amiga o te quedarás sin regalo!") hasta que de pronto, el viejo barrigón con olor al vino que se tomaban los adultos en la mesa "de los adultos" hacía su espectacular aparición, llamando uno por uno a los niños, sentándolos en sus regordetas piernas y posando para la foto, entregándole su regalo navideño y una bolsa de dulces.
Cuando me llamaban iba con mi mejor sonrisa a buscar mi regalo pero, por razones desconocidas, en las fotos siempre salía chueca y con cara de enojada. Supongo que desde chiquitita tuve poderes y presentía que el regalo envuelto en papel rojo no era la barbie que tiraba burbujas. Ni siquiera era como la niña gorda que abría su regalo con mucho cuidado, tratando de no romper el papel de envolver, yo era una salvaje que tenía los dedos manchados con barro y que rompía el papel violentamente y me quedaba sentada en el suelo, mostrando los calzones y mirando mi nuevo set de cocina a prueba de retardados. Y miraba a la gorda... la gorda cuya madre le importaba un rábano que su hija se paseara mostrando su barriga con celulitis y su peinado de internado de monjas, saltaba feliz (haciendo temblar el suelo) gritando agudamente que tenía una barbie que tiraba burbujas.
Yo la odiaba, y planeaba para la próxima fiesta de navidad, empujarla a la piscina por el lado profundo o robarle su cajita de sorpresas, reventarle sus globos con hélio o simplemente decirle que era una gorda fea.
Gorda fea pero con barbie, al fin y al cabo.
Supongo que la vida se encargó de hacer "justicia divina" y heme aquí, escribiendo en la casa de mi madre, dependiendo económica y mentalmente de ella, pidiendo permiso para salir, pidiendo permiso para volver, con horas restringidas para todo. Mientras la gorda acaba de egresar de una carrera bien considerada, ahora ella es regia, creo que hasta tiene la nariz respingada según mi mamá, y tiene un novio abogado y una vida fascinante en la capital.
Yo por mientras me pudro, y lejos de ser una malagradecida, me río de mi envidia, la ex gorda fea quizás tiró a la basura su barbie que tiraba burbujas para pasar a una nueva etapa, mientras que yo aún, me quedo pegada en las vitrinas de las jugueterías admirando a la barbie que nunca tuve.

domingo, 24 de agosto de 2008

La Gabriela

La Gabriela lleva ese nombre por una tradición literaria anticuada. Su abuela, la Gabriela Alfaro, que en realidad se llama Elena Gabriela y ha insistido toda la vida en que la llamemos "mamá gaby", fue hija de una de las tantas secretarias de la Lucila Godoy (Gabriela Mistral). La Pradera Florida, amiga y confidente de la poetiza, en un intento de perpetuar el recuerdo de su amiga delegó el nombre de origen hebreo que ahora lleva mi hermana de doce años.

La Gabriela no hace caso. Hay que gritarle cinco veces para que obedezca. Se queda pegada viendo televisión en extrañas posiciones que parecen haber sido diseñadas para contorsionistas, y sin embargo para ella son cómodas. Come como una condenada, a veces tengo que gritarle que es un puerco cochino para que deje de morder las cosas que encuentra dentro del refrigerador. En algunas ocasiones es incondicional y es capaz de entregar todo lo que tiene por conseguir algo, pero es descarada para jugar juegos de mesa. Poseedora de una voz aguda y un sentido del humor retorcido, es capaz de reirse de mis absurdas imitaciones del cirque du solei, me acompaña a comer tallarines a la hora que sea, es mi compinche en conseguir dinero para gastar en cosas inútiles, es predecible y manipulable, pues controlo sus gustos musicales y le he formado un oído musical envidiable para una niña de doce años, aunque aún no puedo evitar que escuche a los jonas brothers, que representan una secta satánica compuesta por tres hermanos que son la versión recargada de los hansons.

La Gabriela no tiene sentido del ritmo, y es pésima en temas de coordinación. Se resbala en el suelo, se ducha media hora, deja el baño empañado y me ocupa el shampoo, me hace rabiar, me roba el maquillaje pero aún así la amo.

Es mi hermana chica, a la que muchas veces he agarrado de las mechas y la he acusado por hacer maldades. Me aterra, pese a ser nueve años mayor que ella, no estar en algún momento de su vida en que me necesite. Siempre he sabido que la Gabriela, la del nombre de mujer adulta, la que es capaz de contener las lágrimas, es más fuerte que la simple María Luisa que se escuda en las letras. La Gabriela es admirable y estos son sólo vestigios de una veta literaria que nos legaron, porque pese a no haber artistas en la familia, el arte lo creamos nosotras, diariamente, tú pequeña con tu vilonchello que ratos suena como una sierra electrica y yo con mis metáforas limpias para ti, a tus doce años.

Niñitas



Antes, las mamás que vestían de vestidos floreados a sus niñitas, se encargaban de llevarlas ellas mismas al colegio y no en furgones ni encomendándosela al vecino con auto. Antes, las mamás luego de dejar a sus hijas en el colegio, se reunian todas en la casa de la mamá más cercana y tomaban té, pasaban horas viendo el buenos días a todos, riendo y armando los disfraces que usarían sus retoños en presentaciones escolares.

Las mamás no mandaban a hacer los disfraces ni mucho menos los arrendaban. Las niñitas nos juntabamos a tomar la leche tibia con chocolate, sagradamente a las cuatro de la tarde para luego ver la novela del canal siete y jugar un rato con las muñecas o ponernos tacones y pintarnos los labios y creer que eramos mujeres grandes que firmaban cheques y fumaban tubos vacíos de lápices blancos.

Hace poco, una amiga de infancia a la cual recuerdo con mucho cariño y a la que suelo encontrarme en los baños de mujeres de algunas discoteques en mi ciudad natal, recopiló algunas fotos, muy antiguas y que, gracias a la magia de internet, que subió a facebook.

Eramos niñas. Niñitas reales. No como las que te encuentras en los malls hoy en día, que visten jeans apretados y zapatos de adultos en miniatura y se pasean hablando por sus celulares con aquellos peinados pokemones indecentes que pareciera que fueron creadas en serie.

Usabamos vestidos, zapatos de charol, el pelo corto porque era típico que se armaba una plaga de liendres endemoniada que al final todas terminabamos las tardes del domingo con la abuelita encima tratando de despiojarnos.

No sé que tan bueno sea el cambio de generaciones, pero sí pienso, y puedo decir con mucha alegría, que me siento feliz de haber vivido las etapas que me correspondían en los tiempos que fueron necesarios. A lo mejor, cuando teníamos siete años, no chateabamos ni jugabamos con grandes cosas, sólo eramos felices llenandonos de barro e imaginando que poníamos un negocio con la mercadería que había en la despensa. Ahora, cierren los ojos y piensen en los juegos infantiles de nuestros padres, ellos -que sólo ellos- pueden recordar lo que es tener los dedos brillantes por haber atrapado una mariposa en el jardín y haber jugado hasta el cansancio el corre el anillo.

¿A qué habrá jugado la Pradera Florida?

Juegos Olímpicos

Siempre me han gustado los juegos olímpicos. Recuerdo que cuando era más niña, me sentaba a comer chocapic con amiguitas del colegio y nos emocionabamos viendo la gimnasia rítmica. También recuerdo que en los veranos en la playa, con mis primos jugabamos a hacer nado sincronizado, lo cual nos salía pésimo, pero la típica tía que nos pellizcaba las mejillas y nos obligaba a comer cuchufli, se encargaba de decir que eramos estupendos y que de grandes, seríamos famosos atletas. Que pérdida del juicio tuvo esa pobre tía, años después, caminando por las callecitas de un desierto Copiapó dominguero, en su desvarío, juraba de guata que estaba en Italia, admirando los pimientos polvosos elevarse sobre su cabeza; perdida total de la realidad. Por supuesto que predijo que seríamos grandes atletas, si fue capaz de confundir Copiapó con Italia, ¿que más le puedo creer a la tía Gladys?
Los juegos olimpicos que se celebraron este año, distan muchísimo de lo que en años anteriores eran (por lo menos, de los cuatro que he visto en mi vda). Partiendo porque los japoneses llevaban más de seis años practicando esos movimientos anormalmente coordinados, y obviamente estoy segura que el aro que debía encenderse con la flecha encendida, estaba rodeada de gas, porque si no se hubiera encendido, la honra de la familia del chinito encargado de prenderla, hubiese quedado al otro lado occidental. Quizás hasta lo hubieran matado.
El hecho de que una nipona preciosa de rostro angelical hubiera quedado aplastado por la aberrante verdad, realmente no cantaba sino otra pequeña niña que no reunía los atributos físicos que los encargados del certámen creían que representaban a su país. ¿En que estaban pensando los muy imbéciles? ¿No se dan cuenta que le arruinaron la autoestima a esa pobre niña que lo único que necesitaba era un tratamiento de ortodoncia y un buen peluquero?
No me queda claro como, el país quizás más evolucionado en el globo, sea capaz de cometer tales errores.
En fin, suicidios, el ucraniano levantador de pesas con cuatro veces lo normal de doping en su cuerpo, estadounidenses enfervorizados por igualar a japón en medallas, y la triste pero orgullosa realidad chilena de hacer show hasta donde no se debería. Los fugaces y penosos quince minutos de fama del ciclista Almonacid que en su desesperado intento por figurar y no usar una estrategia que le permitiera por lo menos llegar, finalmente corrió sólo y ni siquiera llegó último, ¡ni siquiera llegó!
Pero todos estos detalles son los ingredientes sabrosos de unas olimpiadas, que según mi opinión como simple mortal espectadora que se amaneció viendo al Feña Gonzalez, fueron increíbles, pues sin estos escabrosos detalles no tendría que escribir en este blog ni podríamos reirnos ni tomarnos unas tazas de te con mis amigas comentando lo lindos que eran los nadadores alemanes.

Mujeres

Mujeres... mujeres morenas, mujeres bajas, mujeres que compran en multitiendas, mujeres que se echan palta en la cara para evitar ser consumidas por las arrugas, mujeres estresadas, mujeres deportistas, mujeres dueñas de casa, mujeres analfabetas, mujeres envidiosas, mujeres muertas en vida, mujeres jóvenes, mujeres dormidas.

Nos peleamos la vida por ser mejores mujeres. Tenemos un sentido maravilloso para saber la realidad, y somos capaces de rompernos las manos con tal de conseguir lo que queremos.

Nos quejamos, y con justa razón, queremos que los hombres sepan exactamente qué es lo que queremos sin que tengamos que dibujarlo y ponerselo frente a sus narices. Porque las mujeres queremos atención, queremos abrigo en días nublados, queremos sentirnos imprecindibles, necesarias, útiles. Mujeres que no nos conformamos con el elitismo exclusivo, ni los hedonismos masculinos, y mucho menos con las ideas retrógradas machistas. Mujeres que tenemos los óvulos contados, no nos sintamos reprimidas por ser mujeres, es más, aprovechemosnos de nuestra condición femenina para hacer cosas... cosas simples como, por ejemplo, apoderarnos de la mente de nuestro querido sexo opuesto. Y conseguir el mundo, dicho sea de paso.

viernes, 8 de agosto de 2008

Elficamente imbéciles

Luego de una conversación tan incoherente como la idea de que un hipopótamo salga de un huevo, un amigo me regaló una idea para transcribirla y potenciarla. "Haz una columna", me dijo, luego de una serie de improperios.
"Hay mucha gente weona que se hizo su mail basado en "como seria tu nombre si fueras elfo del señor de los anillos", no importaba si se llamaba Juanita, Camila, Claudia, eras Luthien", me dijo mi amigo hace algunos días.
Y pensé en los fanatismos desenfrenados (uno de los temas potentes de este blog) y en las estupideces que uno puede llegar a hacer por ellos.
Yo leí el Señor de los anillos y quedé en la página 241, cuando los diminutos elfos de orejas puntiagudas salían de la comarca en la loma de la punta del cerro y se dirigan a esconder sus pequeños traseros porque una fuerza maligna los perseguía, y Frodo se ponía el anillo y desaparecía. Me dormí en ese momento. Y cuando desperté (hace veinte minutos) me di cuenta de que la trama es bastante absurda, independiente de que los fanáticos de Tolkien ahora me quieran quemar en la hoguera por lo que digo, pero cualquiera que tenga tiempo libre puede crear una utopía de lenguajes, mundos paralelos y graciosas formas fisiológicas.
Luego de una ardua investigación, he encontrado la página web que traduciría tu nombre en idioma elfico. Un miembro de la comunidad del anillo, percatandose de la estupidez de página, señaló, "mi nombre traducido al élfico es Elessar y traducido al idioma hobbit seria Till Bramble of Willowbottom. Esto podria ser traducido directamente a "Caja zarzamoras del culo de la viuda", lo cual además de ser ridículo, podría ser causa de demanda a tus padres elficos por haber recibido aquel denigrante nombre.
Me dirigí a la página web que traducía tu nombre y me salió lo siguiente para María Luisa Córdova: "Primula Proudneck of Tuckborough", luego traduje el nombre de mi querido amigo que me dió el tema, y salió: "Milo Proudfoot of Standelf". En el hipotético caso de que usted se llamara Nicanora Cortes, su nombre elfico sería "Ruby Peatfingers of Brockenborings", o en el peor de los casos, Wenceslao Carvajal sería "Bungo Knotwise of Michel Delving".
Me dedique a investigar de cerca la situación, y descubrí que una serie de nombres famosos y grandilcuentes, no son más que porquería elfica de mala calidad.
Así que como simples mortales no nos sintamos tristes, porque Kate Moss se llama "Tigerlily Tighfield of Tookbank", Jim Sturgess se llamaría "Sancho Bramble of Willowbottom" e incluso Alfredo Lamadrid no se salvaría con "Meriadoc Bunce of Brockenborings".
Lo que me perturba es la macabra idea de que tengo cerca de veinte contactos en messenguer cuyos nombres de correo electrónico, son nombres elficos.
¿Qué pasa por sus cabezas?
¿Que piensa usted al respecto?
Si quiere traducir su nombre de manera estúpida y eficaz, haga doble click aquí:

lunes, 28 de julio de 2008

Escribir es bonito

Lo miro de frente y con mi peor cara de asco, le digo que no comprendo como puede amar la idea de ponerse guantes quirúrgicos y registrar entrañas desconocidas, y presenciar sangre, visceras y cuanta porquería de órganos.
El otro toca la guitarra, lo hace bien, es delicado, personalmente me encanta, pero todos los fans de don Omar lo quemarían en la hoguera porque a ellos no les llega la pasión que desborda el rock británico.
Ella va en cuarto año de leyes y me recita capítulos completos de la constitución y yo no comprendo de dónde saca masa encefálica para recordar tanto número.
Todos se sienten cómodos desarrollando sus aptitudes, que por más retorcidas que me parezcan, las respeto porque me gusta que me respeten, (igual, les digo en sus caras que jamás en mi vida estudiaria nada con números o células) por eso, creo que al ser partidaria de el arte más sutil al que sólo el analfabeto no puede comprender, soy fanática de cada letra. Letra como ícono incluso, la maravillosa forma de la "f", y recuerdo que cuando iba en primero básico ocupe un cuaderno completo de caligrafía porque me costaba escribirla. Y mi profesora de matemáticas nunca logró enseñarme a restar, iba en segundo medio y saca mi arcaico celular resistente a cualquier caída macabra, y restaba con la calculadora integrada. No hubo caso. Odiaba desde chica la sangre, por el hecho de que veía gotitas de ella en el delantal de mi papá.
Lo hermoso de escribir es que todos lo hacen. Publicandolo en un blog o no, todos nos hemos sentado a escribir porque nos ha nacido, un poema, una canción, una frase, una carta de amor, una columna de crítica irónica -como la mía- no con el fin de que todos te lean, sino de crear una bitácora virtual a la cual recurrir a las seis de la mañana cuando la fiesta se ha terminado y las ideas escasean.

jueves, 24 de julio de 2008

Viva la vida - Coldplay

Hoy registro una caja con cosas que no sabía que todavía guardaba, cartas de amor de un psicópata lleno de espinillas que me seguía a los quince años, papeles de "candys" y turrones extra duros que lograron sacarme un pedazo de muela sobreviviente del tratamiento conducto. Miro el estuche de cd's y me mira con nostalgia el primer disco de coldplay, negrito, con su sello rojo, casi rayado completo.
¿Se les habrá echado a perder el negocio a los reveladores de fotos? Ahora la gente (a excepción de la Zulema, la amiga de mi abuela que tiene 70 años) sacan fotos con cámaras digitales y ya casi no las mandan a revelar porque es más fácil conectarle un cable y pasarlas al laptok que darse la lata de ir a desarrollarlas.
¿Habían pensado en eso? ¿Pasará lo mismo con los cd's?... creo que en unos años más, será tan poco común tener un cd de música original, como guardar en el fondo de la cartera un billete de 500 pesos. Súper interesante.
Tengo que escuchar a Coldplay. Me digo yo. Porque a veces hablo sola, soy un tercio, no media loca. Pero si escucho un cd, tengo que hacerlo con estilo en un equipo de música, una lata meterlo al laptok, porque puedo bajar la canción de internet o verla en youtube y perderá el misticismo de lo antiguo y revelador.
Trouble suena limpio y moderado. Hasta más bonito que en el computador. Cierro los ojos y me devuelvo a mis quince años, cuando mi mejor amiga en ese entonces me regalo el disco para mi cumpleaños y nos dedicabamos a escucharlo doce veces al día, los siete días de la semana y los tres meses de vacaciones que teníamos. Lo llevamos a Tongoy, lo puse en mi "cd stereo" (¿esas cosas todavía existen?) y lo llevaba en la guantera del auto, soñando que algún día marisour pondría un reproductor de cd en el auto, pero tenía que tragarme el casette de chayanne y más encima callada.
Coldplay me evoca a tardes silenciones, de nubes rosadas, de suspiros y risas agudas, de rituales de escritura en maquinas de escribir que caducaron hace años, de pan con palta, tardes de recoger hojas de los arboles y pegarlas en paneles gigantes, tardes de arena dorada y viento, con la panorámica copiapina y con los pies llenos de tierra. Me recuerda al sabor de los inkats, de los frugeles, de los sobres que traían manjar y que costaban cincuenta pesos... me recuerda a su voz, a sus pestañas, y a su forma de poner la boca hacia el lado porque estaba pensando en paneles solares.
Con coldplay me enamoré y me desencanté.
Y ahora "Viva la vida", el último disco de Coldplay, que pretendo comprar con la primera mesada que tenga en mi mano, se convierte en la consigna de las cosas nuevas, de una etapa increíblemente hermosa. Suenan los violines, y previo desencantamiento, me vuelvo a enamorar.

miércoles, 23 de julio de 2008

No se restar

¿No les pesa en la conciencia ir a dormir sabiendo que no te leíste la maldita guía de filosofía que sabes perfectamente que entrará en la cátedra de mañana y que si no te sacas sobre 5, te echas el ramo?. Me siento terriblemente culpable en todo aspecto, asumo mi culpa y de paso me golpeo el pecho repitiendome a mi misma, "no lo volveré a hacer".

Le adjudico mi flojera hiperactiva a mi suerte. Porque creanlo o no, tengo suerte de tener rojos superables, sabiendo que practicamente no estudio para los ramos que no me gustan (como economía por ejemplo) es que me carga tener que analizar gráficos porque según la mamá de una amiga que sabía sacar el karma, me dijo que yo me mande una embarrada del porte de un burro en una de mis vidas pasadas con algo relacionado con las matematicas. Y de pronto, se me enciende la ampolleta y digo: "claaaaro... por eso salí de cuarto medio con promedio rojo en las asignaturas que tenían numeritos" y me doy cuenta que nunca comprobé si mi avergonzante promedio era realmente así porque no se restar.

El meollo del asunto es que es endemoniadamente dificil restar, más que sacar los cosenos, las tangentes y los logaritmos. A mi me cuesta tanto que incluso hacía torpedos en el colegio, y trataba de recordar que cuando uno resta, el numero mayor va arriba y el menor abajo, y que se empieza de derecha a izquierda, y todas esas formulas extrañas matemáticas que no entiendo.
Siempre he envidiado a los amigos que desde chiquititos decian: "cuando grande, quiero ser médico" y ahora está en cuarto año de medicina en una universidad de gran prestigio, o el caso especial de un amigo que siempre solía decir "cuando grande, quiero ser trapecista" y ha pasado por varias academias de artes que terminan rechazandolo por loco. O el caso de un amigo que siempre quiso afilarse los caninos (mal llamados colmillos) porque anhelaba ser un vampiro. Pero, ése es tema de otra entrada en este blog, el tema aquí es que yo siempre quise ser escritora, que resulta casi tan complicado como ser trapecista, cajera de supermercado o carnicera.
Al final, saber o no restar, da lo mismo. Todos los celulares traen incorporado hasta el más prehistórico sistema de calculadora. Pero yo puedo dar fe de que no saber restar, me abrio las puertas a un mundo donde, si los números no están escritos con palabras o Neruda les haya hecho una oda, es arte del mas puro para mis sentidos.

lunes, 21 de julio de 2008

Mi primer frente

Del belga Carlos Hallet
"Sugerencias" llega a Chela Lira

“La exposición de acuarelas del sacerdote jesuita estará abierta al público hasta fin de mes.”

Por: María Luisa Córdova

“Sugerencias”, es el nombre de la nueva exposición presentada en la Universidad Católica del Norte (UCN) a cargo de la Dirección de Comunicación y Extensión (Dicoe) la cual inauguró este martes la obra del artista y sacerdote jesuita Carlos Hallet, calificada como una exploración del color y la luz de los paisajes de Chile.
El objetivo de la muestra, según el propio artista, es reflexionar en tiempos donde hay muchos que parecen virtuosos y se conforman con una vida placentera y cómoda, más que una devoción trabajosa y sólida.
“El autor interviene sin vanidad la naturaleza y el territorio, explorando con el dibujo y el color, los paisajes de Chile”, expresó Claudio Ostria, académico de Arquitectura de dicha institución, quien además señaló que las acuarelas expresionistas invitan a superar las adversidades de la vida, glorificándose y alabando el amor divino.
La inauguración de la exposición que cuenta con 42 acuarelas, fue presidida por la directora de la Dicoe, Heleny Mendiz, quien se refirió al trabajo del artista como, “cálida, moderada, suave y plena de fortaleza”.
El evento contó con la presencia de las máximas autoridades de la UCN, tanto rectoría y académicos, como alumnos interesados quienes destacaron la labor del sacerdote jesuita.
La exposición es de carácter gratuito y estará a disposición de la comunidad universitaria y regional, durante todo el mes de julio.

sábado, 19 de julio de 2008

Peripecias de una perna in the dancefloor 2.0

Aquí es distinto. Aquí es especial. Aquí se me corta el sueño, se me quita el lumbago, me olvido por un instante de los dolores molares que me aquejan. Miro sus rostros conocidos, sus frases hechas compactas y ridículas y me alegro de estar sentada incómoda en el asiento trasero de la camioneta de Romeo.
Me acaban de venir a buscar, las niñas se ven súper lindas, y yo me acabo de bajar del auto porque llegué de Antofagasta. No alcanzé a peinarme, ni maquillarme ni nada que termine en "me". Pero no importa, me pongo la bufanda de mi abuela, agarro mi cartera y me subo a la camioneta.
Les cuento a mis amigos que no quiero tomar más alcohol, y se ríen porque me conocen. Hablan estúpideces, inventan situaciones triviales cuyo formato de risa es ver a dos personas a lo lejos parados uno frente a otro, y uno de mis amigos, imita las voces de los supuestos personajes.
Nos desternillamos de la risa. Romeo saca uno, otro amigo se queja de que nunca le hace efecto, y yo ya siento que tengo esa sonrisa chata y veo cosas que comunmente no veo.
Nos paseamos de antro nocturno de la perdición, a otros antros nocturnos del pecado. No sabemos que hacer, en algunos lugares es demasiado caro carretear, las entradas bordean las cinco lucas sin siquiera traer cover.
La Rozio dice que ella puede carretear sin tomar copete, pero que eso le significa, terminar la fiesta con mucha gente ebria y jugosa mientras que ella siente que no se atreve a mucho sin el elixir etílico. El Pino dice que él tomaria, pero que todo le cae mal a la guata. Y todos nos reímos de su desgracia.
Finalmente logramos entrar a un antro copiapino, demasiado conocido como para señalar su nombre. Dentro del local, pequeño y rodeado de ventiladores que no consiguen espantar el ahogo maldito, nos sentamos en una mesa luego de cobrar los vodkas que tuvieron que pagar los niños.
Como estoy en las nubes, pienso que nosotros mismos fomentamos el machismo... ¿Por qué los niños tienen que pagar y las mujeres no? ¿Es una estrategia de marketing?. Por el momento no me molesta porque así ahorro plata pero al final, me parece muy injusto.
Los niños conversan y miran con cara de babosos a unas pokemonas cuyos bultos estomacales y las zapatillas de neón nos indican que es tiempo de sacar a bailar a los babosos. Bajamos las escaleras que va directo a la pista de baile y comienza el primer round.
Yo me limito a mover los brazos inanimadamente, porque estoy pegada pensando cómo metieron una palmera dentro del local. Luego me doy cuenta deque la palmera es falsa y me obligo a razonar mejor. La chica de al lado, que no la conozco, tiene la mano puesta en el trasero del tipo que acaba de sacarla a bailar. Yo bailo con el Camilo "apretado" Varela, y resulta ser el tipejo más chistoso con el que he bailado. Hace unos pasos tan extraños, como si se electrocutara y tuviera una mano en la espalda... y como estoy en las nubes, pienso que tal vez se trate de un dolor de espalda mezclado con tics neruronales y por eso hace gestos tan graciosos. A mi lado, dos amigos bailan abrazados tiernamente y luego hacen el paso del robot. Me llevo el vaso se vodka a la boca -lo sé, mentí y sí tomé, pero poquito- y sólo quedan restos de hielos rotos. Observo el escenario, y el tipo que anima se lleva la botella de cerveza a la boca y canta la canción que suena pero no se sabe la letra. Miro hacia otro lado y hay una pantalla que muestra el conocido classic proyect, y salen mujeres en diminutos bikinis y unas piernas cuyo fin es una tele y calzan taco alto. ¿Por qué me parece tan extraño? Una mina pasa por mi lado y me pega un codazo, yo la miro, ella da vuelta su melena clara y me parece conocida. Ella me mira horrendo y yo no entiendo nada. Seguimos bailando regeton, yo ruego porque cambien la música y efectivamente lo hacen, pero empieza a sonar las típicas canciones noventeras que a nadie le gusta pero todos se saben.. "oye mi amor no me digas que no" dice la voz del vocalista de maná... "porque yo, no quiero trabajar, no quiero ir a estudiar", suena metallica, cerati y la gente empieza a pifiar.
Les digo a mis amigos que vayamos a sentarnos un rato, y cuando nos vamos, nos damos cuenta de que hay un tipo que representa unos 35 años, viste chaqueta de cuero y tiene un vaso de un líquido incoloro en su mano izquierda, y se mueve solo cerca del escenario bailando como una gogo dancer. Pero a él no le importa, todos lo miran, todos se ríen de él pero ni se inmuta. No quiero que suene como a alguien que se atreve a pasarlo bien, ni nada parecido, porque realmente da pena, no sé si está drogado o tal vez no es de este pueblo maldito que todos te conocen, pero se mueve tan extraño, como si intentara reproducir un extraño baile de personajes de Star Wars.
Decidimos irnos a comer a un lugar llamado "hot dog bus". Entramos en la camioneta y recordamos que una vez Camilo le compró un celular robado a un delincuente por cinco lucas. "¿Querís comprar otro celular?", lo molestan.
Estamos estacionando y yo saco mi grabadora y comienzo a registrar:
- ¿niños nos vamos a bajar? - pregunta la Javiera.
- weon, toi caga de sueño, mañana tengo prueba a las ocho - dice la rozio muerta de la risa
- cochemimareeeeeeeeeee.... - se escucha
- estoy como volado, siento todo rato, como que siento que me miran raro, siento todo raro - dice arrastrando las palabras, el apreadito .
- ¿Estudiaste todo lo que teniai que estudiar Rozio? - alguien pregunta
- La Rozio estudió su nombre no más, pa ponerlo en la prueba - responde el apretado
- El nombre, el curso y la fecha -agrega el Pino ahogandose de la risa
- puta la hueá
- no si, igual estoy raro
- ...papas fritas, ni cagando completo...
- ...aulas de diversidad...
- ¿Aulas son las siglas de que universidad? - pregunto yo
- weona aula, de aulas de clases... jajajajajajaja es como el "televai"
- oyeeee yo no lo dije con esa intención - protesto yo - era de "te elevas"
- amiga yo te entendí en el momento - dice la Javiera.
Jajajajajajajajajajaja
- Lo que pasa - explico yo - es que cuando ibamos llegando a Valparaíso en nuestro viaje, yo le dije a la Javiera que no fumara cigarro porque "te elevay" a la mierda. De "te elevas"... no de "te le vay" jajajajajajajaja
- te le fuiste - dice la rozio jajajaja
- callate mierda - grita el apretado - me siento raro
- oye estamos empañando los vidrios tai longi
- vos soy
- ¿Quien pierde medio kilo?
- ¿Cómo te fumay la lechuga weon?
- ¿hay gente que fuma té?
Luego la conversación deriva a un tema que no voy a exponer aquí por su alto contenido de imporperios acerca de algo que no les contaré pero que alude a mi persona.
Comemos 4 canastos de papas fritas con exceso de aceite, dos completos y una kem piña de litro y medio. Nos reímos escandalosamente, al lado hay un perro que intenta montar a otro perro y dicen: "camilo ya para po". Al final, nos subimos a la camioneta y soy la primera en ir a casa. Saco las llaves, no huelo a trago porque me tomé tres sorbos de un vodka aguado y asqueroso, entro a la casa muy callada, el Igor me recibe lentamente, estaba durmie acurrucado junto a mi hermana, voy a darle un beso de buenas noches a mi mamá para que sepa que llegue bien, me pongo el pijama y me acuesto con el Igor al lado. Mi perro suspira, acerca su humeda nariz a mi rostro y me langüetea la mejilla. Yo estoy cansada, ni siquiera tengo fuerzas para limpiarme la cara. Me quedo dormida y el Igor se acurruca cerca de mi oído.

jueves, 17 de julio de 2008

Un acierto y una decadencia cinematográfica

Creo que hay pocas cosas en la vida, tan dulces como el primer puñado de palomitas de maiz tibias, recien salidas de las máquinas cuadradas manejadas por adolescentes con espinillas que se esmeran por derramar el vaso de bebida. ¿Verdad que algo tiene de místico pasarle el ticket de entrada a la persona que te indica en qué sala se presenta la función?
Luego te sientas, y ruegas porque atrás tuyo no haya alguna persona que le guste patear asientos, que abajo no haya un tipo alto o con sombrero ni que al lado te toque una señora con un niño pequeño que se dedique a gritar toda la película. Empiezas a tragar pop corn y sonríes mientras ves las sinópsis.
Les cuento que fui a ver las dos películas más fuertes de la parrilla cinemátografica infantil para estas vacaciones de invierno. Fui con la ambigua sensación de que no es tan malo tener veintiún años y estar rodeada de niños, y con la secreta esperanza de que tragarme un paquete gigante de palomitas no me hará crecer hacia los lados.
Empezamos por Wall-E. Esta historia es tierna, con un tema poco tocado y emotiva. Es la historia de un pequeño robot que se dedica a compactar cubos de basura (toneladas esparcidas por todos lados) y que vive solo en nuestro planeta, ya que toda la gente fue desalojada hacia transbordadores espaciales que funcionaban como maravillosos hoteles cuyas personas se desplazaban por medio de sillas flotantes debido a sus sobrepesos desmedidos, pues el sedentarismo y la contaminación habían acabado con sus vidas útiles.
Wall-E desarrolló emociones y la visita de un robot enviado por el transbordador espacial, en busca de vida natural en la tierra, le mostró el amor. Y se pone realmente tonto, un robot enamorado, una planta en una bota, pequeños raccontos de musicales antiguos, gordos fofos tratando de ponerse de pie, robots neuróticos y un piloto decidido, son los ingredientes de esta comedia de pixar que toca el tema del calentamiento global.
Es súper linda, los personajes principales practicamente no hablan (en realidad son como pokemones, porque sólo se remiten a pronunciar sus respectivos nombres), es una mirada optimista del mundo globalizado del futuro.
Kung Fu Panda, es la película más fome del mundo, después de Spirit "el corcel indomable". Creo que hasta esa novela del canal 13 que se llamaba "Santiago city" era más entretenida que ver a un oso panda obeso mórbido, con voz de feriante y chistes pasados de moda, moverse como un karateka. La película es aburrida, no tiene fondo, el final es demasiado predecible y ridículo.
Pero lamentablemente, en aspecto cultural, nací en Chile (Sólo me quejo de la cultura, por el contrario, amo a mi pasís) y tengo que soportar que más de dos tercios de las personas de la sala se rían de una película tan mala porque el trasero del panda cayó sobre la cara del antagonista de la historia. Yo no sé porqué la gente en general tiene tan mal gusto.
Me cargó, y jamás volveré a entrar a ver una película de animales enfundados en kimonos.