jueves, 2 de octubre de 2008

Leete esto

No entiendo porqué a las personas les da flojera leer algo que ni siquiera saben de qué se trata. Solamente ven una seguidilla de renglones muy pequeños y muy juntos, y caen en la desesperación absoluta de negarse a leer aquel bloque de texto que tanto les aterra.

La culpa, creo yo, es del ministerio de educación. Ellos que año tras año ponen en la parrilla educacional los títulos de libros mas aburridos para los niños que empiezan con el hábito de lectura. Mi hermana va en quinto básico y tiene que leer "la ballena varada", cuyo nombre, pese a que soy una amante de los cetáceos no me mueve ni siquiera a leerselo a un niño analfabeto.

Tengo la certeza de que son ellos los culpables, y de los padres porsupuesto.

Cuando yo era chica, como era estúpida, obviamente me dejaba seducir por las páginas rosadas de cualquier libro que procediera de algo relacionado con las barbies. Y me cerraba por completo a leer otra cosa que no fueran las fotonovelas de la muñeca de mattel.

Pero mi padre insistía que leyera el Reader and Digest, que siempre estaba botado en el asiento trasero del auto y cuya portada siempre estaba desteñida por el sol. Recuerdo la historia de una señora que se bajó a comprar pan y dejó a sus dos hijos en el auto y de pronto, no me acuerdo cómo (algo tuvieron que ver los extraterrestres) el auto se precipitó hacia un tormentoso río y la madre se lanzó en picada al agua y levanto el auto como si fuera Hércules y salvó sus hijitos.

Ese tipo de historias son imposible de olvidar, pese a que tenía menos de 8 años.

También recuerdo un libro que mi mamá me regaló y que traía muchas historias mágicas. Eran como la versión rechazada y recargada de la cenicienta, caperucita roja y todos los cuentos de hadas habidos y por haber. Recuerdo en especial la historia de tres hadas que vivían en un bosque y que por alguna extraña razón tenían nombres de prostitutas. Y todas se enamoraban de un principe mágico, y una de ellas mataba a otra y al final las dos sobrevivientes se casaron con el príncipe que nunca se fue a la cárcel por bigamia.

Bueno, y luego vino Potter, las cronicas de C.S Lewis y uno que otro manual dental, sin dejar de lado a Isabel Allende y García Marquez, y el diario ordinario de un tío que siempre llevaba a la casa.

Las cosas cambian por supuesto, yo he dejado un poco de lado mi hábito de lectura. Con suerte leo los portales de noticias en internet. Así que no soy nadie para pedirles que tomen un libro y lo lean conscientemente porque sé que pocos lo harán a no ser de que sea lo único leíble para ir al baño. Y, ahora que lo pienso, hay una relación mágica entre libro y baño.

Deberíamos tener una biblioteca en el baño, o organizar juntas de lectura en el retrete.

Ay, por Dios, que estoy hablando.

Ignoren eso.

Me voy al baño.

¡Adios!

1 comentario:

karin dijo...

hola
escribes muy bien , interesante
yo tambien escribo pero lo mio es otro tipo de literatura .

tienes un blog muy genial



bye