lunes, 8 de marzo de 2010

La última vez que supe de ella

La última vez que supe de ella andaba caminando sin zapatos y tenía los pies destrozados de tanto pisar clavos y piedras retorcidas. Se movía tan lento que aburría a todos los que la observaban desde lejos hacer equilibrio entre sus pensamientos nocturnos. Andaba sin andar y pasaba totalmente desapercibida por la multitud enfervorecida que no conocía su nombre ni su rostro surcado de lágrimas saladas como el mar muerto.

La última vez que supe de ella se reía a carcajadas con una botella de cerveza en sus manos de uñas cortas y chillonas. Se había prometido a sí misma dejar el cigarro y sin embargo, encendía uno tras otro en un abrumador intento de restarle funcionamiento a sus pulmones para decaer pronto y dejar las nubes de algodón de lado.

La última vez que supe de ella había retomado los óleos, la pena y la hierba a ratos de profunda soledad.

La última vez que supe de ella, estaba un poco muerta en vida.
Luego de tales lamentables sucesos, podría decir que la última vez que supe de ella tuvo un cambio repentino y de pronto, estaba feliz. Había resucitado en una nueva forma vidriosa que llamaba su propia atención y la hacía sentirse hermosa dentro de sus destartalados cánones de belleza recargados. Estaba limpia, sonriente, sin toxinas en las venas y sin pretensión alguna más que mirar la primera luna de las miles que vendrían y que comienzan en marzo.

1 comentario:

apokalipka dijo...

"hoy la vi y tenia un rostro ajeno al que yo amaba, el que dan unos años de no ser feliz.."