sábado, 27 de octubre de 2007

Corriente de la consciencia en colores

TEATRO DE LO ABSURDO.

La chica muerde el membrillo creyendo que es una manzana y su boca aspera se embriaga de un aroma indeseable. La chica no sabe caminar con tacones pero le gusta que el mundo crea que ella lo hace bien. Tiene flores en su habitación pero son de plástico porque hace siglos que nadie le regala flores reales. No se cree ningun e-mail cadena condenandola a ciento setenta años de soledad y mala suerte. Y sin embargo se desespera pensando en un mañana que tal vez no exista y el membrillo se vuelve café y añejo en dos instantes en que la muchacha deja que su perro muerda los tacones de sus zapatos negros que compró en brasil una vez que perdió las pantuflas rosadas en un hotel de mala calidad creyendo que la vida sería preciosa, se le escapo un suspiro en cuatro instantes y cayó muerta sobre el río, no sin antes pedir tres deseos igual que en el parque de las rosas y que al final ninguno de los tres llegó a buen puerto, porque concluyó que la muerte es el único puerto seguro y que los antropocentristas eran unos idiotas que no sabían usar los dedos.
Y los colores fuertes se le daban a la boca pálida que sostenía un cigarro que la mareaba porque no sabía lo que era aspirar vida.
Maledetos pensamientos de media noche. Quisiera borrarlos de un soplido.

1 comentario:

Unilateralmente dijo...

Goethe decía que la noche es la mitad de la vida y la mejor mitad.
Y a mí me gustan esos pensamientos nocturnos. Y los colores brillantes también, claro.