... o que yo ya no quiera.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Miel
... o que yo ya no quiera.
Breve historia de rock y amor
Lo observé desde lejos, era el hombre más guapo que pisaba la tierra. Prendió un cigarro y me preguntó si me gustaba el rock and roll. Me ofreció un paseo y yo le dije que no paseaba con desconocidos. Sonrió. Caminamos hacia la playa. Me hablaba de su gato, yo de mi perro. Compramos alcohol y nos dejamos empujar hacia la orilla. Las nubes se dejaron caer en la costa, oscureciendo la tarde y fundiéndola con la espuma. Nos quitamos los zapatos y la vergüenza. Nos sumergimos en los latidos del agua, tan intensamente, que sus corcheas se mezclaron con mis consonantes y formaron olas de amor.
Antes
Antes de que el alcohol te golpee con imágenes antiguas, cierra bien los ojos, recuerda; son pedazos de estrellas vacías, trozos de recuerdos desvanecidos por el ácido de los días y la corrosión de las conclusiones vacías.
Antes de que te decidas a dejar de manifiesto tu falsa preocupación, ten en cuenta que ya no tengo ganas de prestarles atención.
Antes de que creas que puedes sostener ilusiones suspendidas en el aire, es necesario que sepas que para mí ya no son importantes.
Antes de que te duermas con la satisfacción de creer que estaré para siempre, ten presente que en mi mente ya puedo disolverte.
Antes de eso y antes de todo lo demás, recuerda, que será otro el que tendrá que olvidar.
lunes, 20 de septiembre de 2010
Perdida
Vamos a imaginar que me pierdes en pleno invierno. Hace días que parecen años o hace años que parecen días. Me sueltas la mano con la esperanza de poder sostenerla luego, a sabiendas de las precarias condiciones mentales que me sugieren las estaciones frías.
Supongamos que tienes la confianza de recuperar mis dedos antes de que se congelen y se quiebren sobre hojas cristalizadas por ña lluvia ácida de tu amor.
Suponemos que estamos locos. Tú piensas que yo no sé. Yo lo sé todo. Lo imagino todo. Me desmayo de las risas, extasiada por tu regreso inexistente, tratando de todas las formas posibles no olvidar tus propias formas, tratando de recordar lo que mi mente olvida para protegerme de tu ausencia inminente.
Mejor vamos a imaginar que me pierdes para siempre. Échame abajo todas las ventanas. Estoy perdida y posiblemente ya no quiero que me encuentres.
El vicio y los periodistas
El olor de un cigarro por la mañana me recuerda que estoy en una sociedad suicida. Cada mañana observo como en los puntos centrales de mí escuela convergen cientos de jóvenes, que al igual que yo, cargan con cuadernos o libros mientras caminan hacia las salas de clase, la mayoría de ellos, sosteniendo firmemente entre sus dedos un cigarro. Pueden ser de los sueltos del Salvavidas, como uno de la sagrada y diaria cajetilla de diez por la mañana.
Me parece un poco aterrador. El humo se nos cuela por las gargantas y se nos queda estancado en la cabeza, después de eso, no sabemos como quitarla y terminamos hablando huevadas. Creo que aquello explica en parte que los periodistas seamos los más adictos a las cosas. Desde las comunicaciones, la literatura, las relaciones públicas, el vodka y las drogas blandas, pasando por todas las tendencias religiosas y políticas, el cigarro, el morbo, el cahuín y el Internet.
Debe ser por el cigarro.
domingo, 19 de septiembre de 2010
Composición
Mi memoria repasa todas tus tonadas.
Me despido lentamente de todo lo que te hacía real.
En lo profundo, realmente nunca esperé algo de ti.
Parece ser ése el consuelo, la clave musical de toda mi paradoja.
Te escribo con azúcar, mis palabras son miel en tu retina.
Se construyen con todas tus falencias y mis dolores.
Se disuelven en agua.
El amor es tan universal como tus ojos muertos.